El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, se presentó este miércoles en la Cámara de Diputados para brindar el Informe de Gestión N.º 144. Lo hizo en cumplimiento del artículo 101 de la Constitución, pero la sesión terminó convertida en un campo de batalla política, donde las críticas opositoras, los escándalos de corrupción y las peleas internas de La Libertad Avanza marcaron el pulso del debate.
El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, se presentó este miércoles en la Cámara de Diputados para brindar el Informe de Gestión N.º 144. Lo hizo en cumplimiento del artículo 101 de la Constitución, pero la sesión terminó convertida en un campo de batalla política, donde las críticas opositoras, los escándalos de corrupción y las peleas internas de La Libertad Avanza marcaron el pulso del debate.
En un clima de máxima tensión, Francos intentó exhibir los logros económicos del Gobierno. Habló del “déficit cero” y del superávit energético, pero sus números quedaron opacados por la falta de respuestas frente a las denuncias que atraviesan al oficialismo.
Las acusaciones por coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) fueron el eje inevitable. Francos se limitó a calificarlas como “operetas”, sin dar precisiones sobre el rol de funcionarios cercanos a Karina Milei y Eduardo “Lule” Menem, mencionados en los audios que sacuden al Gobierno.
La oposición lo cruzó de inmediato. Legisladores peronistas, radicales e incluso bloques provinciales reclamaron que la Casa Rosada brinde explicaciones concretas y que se investigue a fondo lo que podría convertirse en el primer gran caso de corrupción del mileísmo.

El jefe de Gabinete anunció el desplazamiento del titular de ANDIS, Diego Spagnuolo, y una auditoría sobre el organismo. Pero la medida fue leída como un intento desesperado de apagar un incendio que amenaza con salpicar a la cúpula libertaria.
Los cruces verbales subieron de tono cuando varios diputados denunciaron que Francos esquivaba las preguntas más sensibles. “Usted habla de sacrificio y transparencia, pero calla frente a las coimas”, le reprochó un legislador de Unión por la Patria.

A lo largo de casi seis horas, el funcionario respondió de manera genérica a más de 1.300 consultas. En muchos casos, se limitó a remarcar “la herencia recibida”, una muletilla que generó fastidio en los bloques opositores.
Incluso organismos de verificación periodística pusieron en duda algunos de sus datos. Chequeado calificó de engañosa su afirmación sobre la caída del 30% de los haberes jubilatorios durante el gobierno anterior. Otro golpe a la credibilidad de su exposición.
Mientras tanto, la fractura en La Libertad Avanza se hizo visible en pleno recinto. Diputados del oficialismo se cruzaron entre sí, algunos defendiendo a ultranza a Karina Milei y otros reclamando mayor transparencia y autocrítica.

El enfrentamiento más áspero se dio entre Lilia Lemoine y la diputada Marcela Pagano, en un intercambio que dejó expuesta la guerra interna entre “karinistas” y legisladores que buscan despegarse de los escándalos.
Los libertarios no sólo debieron enfrentar a la oposición, sino también lidiar con sus propias contradicciones. El bloque mostró fisuras que ponen en riesgo la unidad necesaria para sostener proyectos clave en el Congreso.
Fuera del recinto, en la red social X, Francos intentó mostrarse sereno. Publicó un mensaje formal sobre la importancia de rendir cuentas, pero evitó cualquier referencia al escándalo que dominó la sesión.
En contraste, dirigentes opositores usaron la misma plataforma para acusar al Gobierno de encubrir maniobras corruptas y exigir que la Justicia actúe con celeridad. El debate digital amplificó la grieta que se vivió en el Congreso.
El oficialismo, acorralado, apeló a la estrategia de victimización. Algunos diputados del PRO, aliados circunstanciales, salieron en defensa de Javier Milei, calificando las denuncias como ataques a la democracia. Un discurso que encendió aún más los ánimos.

La retirada de varios legisladores opositores durante la exposición marcó el punto de quiebre. El mensaje fue claro: para ellos, Francos no estaba dispuesto a dar respuestas reales, sino a blindar políticamente a la Casa Rosada.
Página/12 describió que el jefe de Gabinete “dio la cara pero ninguna explicación”. Una síntesis cruda de lo que se percibió en la sesión: la exposición existió, pero el contenido fue más retórico que sustantivo.
El desgaste del Gobierno en menos de un año de gestión quedó reflejado en el recinto. El escándalo de corrupción, sumado a la crisis económica que persiste en la vida cotidiana, condicionó la puesta en escena de Francos.
La imagen de un jefe de Gabinete enfrentado a una oposición dura y a un oficialismo dividido quedó grabada como la postal de la jornada. El mensaje de gobernabilidad que intentó transmitir terminó debilitado por la realidad política.
Para muchos legisladores, el Informe N.º 144 no será recordado por las estadísticas económicas, sino por la incapacidad del Gobierno de dar explicaciones convincentes en el primer gran test institucional de su gestión.
El fantasma de la corrupción, que el propio Milei prometió desterrar, golpeó en el corazón de su administración. Y la falta de contundencia en la respuesta puede ser tan dañina como el escándalo en sí mismo.
Francos buscó mostrarse como garante de estabilidad política, pero terminó quedando como el rostro de un oficialismo que evita dar explicaciones y que expone sus internas en el peor momento.

En conclusión, el paso del jefe de Gabinete por Diputados dejó más dudas que certezas. Lo que debía ser un ejercicio de rendición de cuentas terminó como una muestra de debilidad y de fractura política en las filas libertarias.